Durante 12 meses, más de 1.000 encuestadores del DANE estuvieron visitando hogares en diferentes zonas del país para conocer y establecer cambios en los hábitos de consumo de los colombianos. En 32 ciudades capitales, incluidas sus áreas metropolitanas, y 130 municipios, el DANE recolectó datos sobre qué, cómo, cuándo y dónde gastan los hogares colombianos. Esta investigación es la Encuesta Nacional de Presupuestos de los Hogares (ENPH), la cual se realiza cada diez años y le permitirá a Colombia actualizar las estadísticas oficiales y establecer los cambios en los hábitos de consumo de los hogares. La labor de los encuestadores se desarrolló a lo largo de 26 ciclos entre junio de 2016 y julio de 2017, quienes visitaron cada hogar durante 14 días consecutivos en las áreas urbanas y 7 días en las áreas rurales, con el fin de recolectar la información estadística sobre gastos e ingresos de los hogares, suministrada en forma confidencial por cada uno de sus miembros mayores de diez años. El esfuerzo económico, técnico, logístico y humano del DANE se sumó a la disposición y el tiempo de los hogares elegidos para diligenciar la Encuesta, datos que contribuirán para la generación de información estadística sobre las nuevas tendencias de consumo y la composición actual de la canasta familiar. Hablarán las cuentas La ENPH permitirá identificar cambios en el comportamiento del consumo de los colombianos y proveerá información estadística estratégica para analistas, académicos, investigadores y tomadores de decisiones en políticas públicas. Después de que se procese la información recolectada en la ENPH, el país conocerá cuánto gastan, en promedio, los colombianos por consumo de tecnología y comunicaciones y, cuánto dinero de los ingresos destinan para pagar servicios públicos, vivienda o educación. Los resultados de la encuesta también mostrarán si ahora los hogares gastan más o menos en servicios de cable, en telefonía celular, en sus mascotas o en la cuota del gimnasio. Además, se podrán identificar patrones de consumo de acuerdo con las diferentes condiciones económicas de los hogares y conocer cuáles son los lugares preferidos para consumir alimentos preparados fuera de casa. Aprendizajes para hogares Para algunos hogares como el de Yuli Andrea Porras, por ejemplo, una lección de vida le dejó la experiencia de abrirle la puerta de su casa a uno de los encuestadores del DANE durante 14 días y registrar en su cuadernillo cuándo y cuánto ella y su familia han comprado de pan, leche, huevos o cuánto pagaron por servicios públicos; «pudimos entender que hay compras que es mejor hacer cada ocho o quince días, como la verdura o el grano, porque gastar a diario es mucho más costoso», dice Porras. Gloria Nelsy Pérez Rodríguez, en Yopal (Casanare), también le abrió la puerta de su vivienda a un encuestador del DANE. El ejercicio le permitió percatarse de cómo era el manejo que le estaba dando a sus finanzas: «resulta que uno a veces termina el día y se da cuenta que 25.000 pesos no llegaron al bolsillo de uno, pero uno sí tiene que sacarlos y toca prestar por otro ladito para compensar (…)», comenta. Gran logística Para cumplir la meta de visitar 90.000 hogares seleccionados en la muestra y recoger la información estadística para la ENPH, el DANE contó con el apoyo de las administraciones municipales y departamentales, los líderes cívicos y religiosos de los territorios y el acompañamiento de la fuerza pública. Toda esta silenciosa movilización se gestó y coordinó desde el Área Logística del DANE, un equipo de trabajo conformado por alrededor de 1.700 personas entre los roles operativos de asistentes de encuesta, coordinadores de campo, supervisores, encuestadores, monitores, críticos digitadores, asistentes informáticos y recuentistas. Jaison Pérez, encuestador en Ibagué, dice que está pendiente de todos los detalles, hasta de su presentación personal, para lograr que las personas le abran la puerta al DANE. «No todos son abiertos al público», dice, y agrega que «es difícil pero no imposible». Dalia Ofir Ortiz Bolaños, encuestadora en Yopal (Casanare), también le puso todo su empeño al trabajo porque considera que la encuesta ayuda a las familias a aprender a distribuir los gastos en el hogar, «uno termina haciendo una bonita amistad con algunas de las personas encuestadas porque las visita periódicamente, le permiten a uno entrar a las casas y saber un poco más del gasto que tienen en los hogares», dice. Los grandes esfuerzos logísticos que el DANE realiza a lo largo del año en el desarrollo de sus investigaciones, sirven para que Colombia pueda tener información estadística de calidad, útil para la toma de decisiones que involucran a las comunidades.
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Desde el DANE Central tres periodistas acompañamos a un grupo de encuestadores de la Encuesta Nacional de Presupuestos de los Hogares (ENPH). Es jueves, salimos después de la jornada laboral. Soy la única que lleva desde ya puesto el chaleco del DANE, que es obligatorio para identifcarnos ante la comunidad. Es mi primera vez con el chaleco, en seis años que llevo trabajando aquí nunca lo he usado, aunque lo he visto miles de veces, he escuchado cómo discuten su diseño, sus colores o el contrato para su confección.
Tan pronto lo visto, extrañamente me siento como reencontrada con el DANE, me invade cierto orgullo institucional que confeso, desconocía en mí o al menos, no recordaba.
Cada diez años se realiza esta encuesta, reconocida por su despliegue y porque redefne los bienes y servicios que componen nuestra canasta familiar; un dato de vital importancia en muchas decisiones del país. En 2017, por ejemplo, la inversión en recargas a dispositivos móviles o la tenencia de mascotas será una novedad importante en los gastos.
Para armar esa nueva canasta, durante un año, más de 1.500 encuestadores visitan 90.000 hogares en todo el país y registran uno a uno los productos que adquieren los colombianos encuestados, en un periodo que varía entre catorce y siete días.
Esta es la historia de apenas uno de esos 90.000 hogares, y apenas tres de esos 1.000 encuestadores. Llegamos casi a las 7:00 de la noche al barrio Virrey de la localidad de Usme, como lo bautizó Cristian «el verdadero Virrey». Es el homónimo del suntuoso Virrey del norte, pero está ubicado en un rincón urbano enclavado en esa localidad rural de Bogotá.
Allá nos recibe el supervisor del equipo: Fredy, un hombre de más o menos 35 años, pelo largo como rockero y que porta el chaleco del DANE con más orgullo que cualquiera. Fredy ama su trabajo y su entusiasmo es altamente contagioso. Los verdaderos guerreros de las encuestas Cuando ingresamos al hogar con Jeimy, la encuestadora de esta noche; Edilsa, la jefe del hogar, nos recibe de forma adusta pero cariñosa y cordial en su estrecha sala, acompañada de una amiga, de su hermana menor y de su hijo Santiago de casi dos añitos. Santiago conduce con destreza su triciclo hacia adelante y en reversa durante los más de 60 minutos de la encuesta y acompaña sus trayectos con un tierno e insistente run run.
Edilsa comienza diciendo que está incapacitada para trabajar, que su hermana menor estudia y tampoco trabaja, así que en principio es un misterio saber de qué viven. El enigma crece cuando a la pregunta, ¿usted se considera pobre?, ella responde con un rotundo «no, porque estoy viva y tengo mi hijo».
Edilsa es una mujer bonita, robusta y vigorosa, tiene 29 años, su pelo es largo y brillante y sus ojos son encendidos y reposados, por eso cuando a mitad de la encuesta nos explica que hace dos años fue diagnosticada de cáncer, quedamos sorprendidos. Sus papás viven en Sumapaz, ese trozo inmenso de la Bogotá rural que casi nadie conoce, ellos le suministran todo lo que necesita para vivir: arriendo, transporte y mercado. Y semanalmente le llevan alimentos de su vivienda, en el campo: leche, huevos, queso y papas, entre otras cosas que francamente suenan deliciosas.
Es el primer día de la encuesta, de catorce, que cada hogar urbano debe responder.
Edilsa debe contestar todo tipo de preguntas y Jeimy, formularlas. Jeimy no puede descartar con antelación ninguna respuesta sin pronunciar la pregunta, por eso se ve obligada a aclarar, por ejemplo, si en los últimos 12 meses recibió dinero de dividendos por acciones, venta de semovientes o del baloto. Cuánto gastó semanalmente en ñame, pollo, maicitos, arroz, salchicha, harina, vísceras y una cantidad innombrable de productos; qué desayunó, qué almorzó y qué cenó el día anterior. Para cada pregunta hay infnidad de opciones y un nivel de desglose que parece ilimitado.
Mientras veo todo me pregunto cómo en seis años nunca estuve cerca de un encuestador, y me percato de que cada día que paso en el DANE, olvido que detrás de cada dato hay una persona, que toca puertas una y otra vez con tenacidad y con terquedad, repitiendo las mismas preguntas, mientras actúa en ese duro rol estoico al que aquí llamamos encuestador.
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